El edificio de la empresa de tranvías eléctricos de La Habana (1)

En la intersección de las calzadas de Egido y Monte, en una sólida construcción de finales del siglo XIX, tuvo su sede durante algunos años la Havana Electric Railway Light and Power Company, la empresa que administró el sistema tranviario urbano habanero, con ligeras variaciones de nombre, desde sus orígenes hasta su desaparición a mediados del siglo XX. De pocos detalles arquitectónicos e imponente armazón, -se dice que fue construida con piedras provenientes de las demolidas murallas de la ciudad-, esta edificación fue comprada por la compañía de tranvías a la Spanish American Light and Power Consolidated, siendo reconstruida y reinagurada en el año 1914. Ambas empresas estaban en el giro del suministro de gas y electricidad, pero la Spanish American, en franco deterioro económico provocado por gastos infraestruturales y la presión de la competencia, acabó por descomponerse y con otro nombre comercial terminar fusionada con la posterior Compañia Cubana de Electricidad.

Esta vista, tomada desde la calzada de Egido muestra, al centro, el edificio de los tranvías . La construcción a la izquierda, de mayor altura, es el Palacio de la Marquesa de Villalba, actual sede de la institución cultural Rosalía de Castro.

La monumentalidad de la edificación, comparado según la escala arquitectónica de su entorno, -el humilde reparto Las Murallas-, fue el resultado directo del espacio libre que trajo consigo la demolición de las muros que circunvalaban la ciudad a partir del año 1863. Por ello en prácticamente toda la franja urbana liberada, coincidente en parte con la llamada glácis de las murallas, se iniciaron desde finales del XIX una serie de construcciones donde destacan, entre otros, el Palacio de Balboa (1871), el Palacio de la Marquesa de Villalba (1879) y el teatro Irijoa (1884). Las nuevas construcciones desarrollaron funciones diversas: vivienda, servicios y entretenimiento, dándole al entorno una nueva dimensión urbana como bien ha explicado el historiador cubano Carlos Venegas en sus obras.

Oficinas de la Havana Electric donde se realizaban los pagos y otras actividades de tipo mercantil.
 El edificio sufrió algunas modificaciones estructurales necesarias para sus nuevas funciones. Refiere el historiador cubano Juan de las Cuevas que la empresa tranviaria le colocó ascensores, servicios sanitarios y reparaciones generales en la fachada y los interiores. Una costosa lámpara Tiffany fue instalada en el recibidor de la planta baja, donde aún puede verse. Las oficinas de la compañia se distribuyeron entre las cuatro plantas del edificio, contando los entresuelos. Uno de ellos perteneció al entonces Departamento de Tranvías, donde laboraban decenas de empleados encargados de hacer funcionar eficientemente el sistema tranviario, objetivo que lograron por varias décadas.

A mediados de la década de los veinte, se estableció en la edificación la Compañia Cubana de Electricidad. En la imagen, manifestantes en huelga desfilan por Egido, probablemente en contra de la dictadura machadista. Años después la sede de la Compañía Cubana de Electricidad se trasladó para la Avenida de Carlos III. El viejo edificio de los tranvías pertenece actualmente a la empresa MEDICUBA, encargada de suministros médicos.
El edificio se mantuvo en febril actividad tranviaria hasta mediados de los años veinte, cuando se separaron los servicios de suministro de electricidad y gas de los propiamente tranviarios. El gerente y director general de la Havana Electric, Frank Steinhart, alemán nacionalizado estadounidense y excónsul en Cuba, quedó a cargo solamente de los tranvías  y se trasladó a una nueva sede en la calzada de la Reina en el año 1928. Pero esta es otra historia.

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