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Circulan apenas con unos pocos pasajeros los carros eléctricos por la calle Neptuno, en los alrededores del céntrico Parque Central en el año 1944. |
Para principios de los años treinta del siglo XX el tranvía eléctrico habanero experimentó un proceso de crisis como medio de transporte colectivo que terminó con su desaparición. En ello influyeron factores de índole económica y social como la competencia de las empresas de autobuses, cuyas inversiones para establecer sus rutas de ómnibus eran menores que las desembolsadas por las compañías de tranvías y además sus recorridos se acomodaban mejor a las demandas sociales, la falta de nuevas inversiones en la infraestructura tranviaria, necesarias para mantener los niveles de eficiencia y rentabilidad en la transportación urbana y por último, las acérrimas críticas que recibían los carros eléctricos desde la prensa escrita que los presentaban como "lentos y achacosos" ante los embates de la vida moderna.
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El carro 483 se desvía hacia la parte antigua de la ciudad, para proseguir su recorrido. GETTY IMAGES. |
Como consecuencia de esta situación los tranvías entraron progresivamente en desuso. Las personas dejaron de utilizarlos y comenzaron a usar los autobuses. Las compañías comenzaron a atrasarse en sus pagos a los bancos. Los tendidos eléctricos, las líneas y las estaciones entraron en un estado de deterioro. Muchos carros circulaban vacíos una gran parte del viaje. Parecía ser el fin.
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Los entonces abarrotados y en demanda carros eléctricos en los años de "breve esplendor y resurgir" durante la Segunda Guerra Mundial |
Sin embargo los años cuarenta trajeron una sorpresa; un revivir temporal del tranvía. Con la Segunda Guerra Mundial el servicio de transporte por autobuses entró en crisis al haber caristías y recortes en el suministro de neumáticos, aceites y combustibles. Los carros eléctricos soportaron mejor el embate de la contienda en aras del esfuerzo bélico y entre los años 1944 y 1947 experimentaron una demanda inusitada, como puede apreciarse en la imagen anterior. Pero desgraciadamente como reza el viejo refrán: "poco dura la alegría en casa del pobre". Al terminar la guerra la situación fue mejorando para los autobuses y éstos recuperaron el espacio perdido. Apenas cinco años después terminaban de circular los tranvías en la capital.
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Abandonados a su suerte en la década de los cincuenta del siglo pasado, los tranvías desaparecen dramáticamente del paisaje urbano habanero |