A modo de preámbulo

Hace apenas seis décadas que los tranvías dejaron de ser el principal medio de transporte público con que contaba La Habana. Entonces unas treinta líneas eran servidas por cientos de carros eléctricos que recorrían diariamente miles de millas por toda la ciudad, enlazando áreas residenciales con parques industriales, hoteles con centros nocturnos, mercados y centros comerciales con escuelas y repartos. La vida iba a la par del tranvía. Paraderos, plantas eléctricas, estaciones y oficinas, eran elementos de un paisaje urbano desgraciadamente llamado a desaparecer...

Todo esto fue el tranvía. Raíles que horadaron calles y avenidas que llegan, inutilizados, a nuestros días, cables aéreos entretejidos en tupida red de cobre y bronce, ruidos y silencios sumergidos en la historia de los barrios y sus habitantes, huella arquitectónica, histórica y cultural reflejo de los ritmos trepidantes de la modernidad...

En esencia, un aval más que suficiente para ser recordados por todo lo que hizo por nuestra ciudad...

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jueves, 8 de marzo de 2012

"Ángeles de la calle", de Félix B. Caignet (y un tranvía)

Página comercial de la novela radial"Ángeles de la calle", probablemente de la revista Carteles
El genial escritor cubano Félix B. Caignet, inmortalizado por sus novelas radiales y programas televisivos, escribió a finales de los años cuarenta del siglo XX, la serie “Ángeles de la calle”, estrenada en CMQ Radio en 1948 con gran aceptación popular. Se trataba de las andanzas de un grupo de muchachos abandonados que, al no tener hogar, debían deambular por la ciudad para sobrevivir, formando pandillas y tratando de llevar diariamente algo a la boca, sin importar como fuese. Según Mayra Cue, investigadora cubana de la radio, para el mes de marzo de 1949 “Ángeles de la calle” ocupaba el tercer lugar entre los programas más oídos del momento, en el que influyó el hecho de que sus principales protagonistas eran niños.Caignet se propuso sensibilizar a la sociedad habanera sobre esta cara oculta de la ciudad, en aras de revertir la situación si el gobierno y la población influían en ello. 
Este póster  fue uno de los utilizados para promocionar la famosa novela, hoy desconocida en nuestro país. Muestra a la izquierda, debajo, una imagen del autor, mientras que a la derecha pueden verse a estos niños desvalidos corriendo detrás de un tranvía eléctrico. 
En el año 1955 "Ángeles de la calle" se llevó al cine, en una coproducción cubano mexicana que contó con Caignet como guionista, de también mucho éxito. 

lunes, 20 de febrero de 2012

"El tranvía no choca, chocan con él"

Esta página publicitaria, de la Havana Electric Railway Company (HER), la empresa que administró los tranvías eléctricos urbanos habaneros desde su inicio, en 1901, hasta su fin, 1952, es del importantísimo periodico cubano Diario de la Marina. Se trata de una publicidad de la HER donde se muestran dos imágenes relativas a la empresa y su poder económico, el nuevo edificio sede (en Reina y Ángeles, comprado en 1928) a la izquierda, y el nuevo modelo de carro eléctrico (utilizado desde mediados de la década de los veinte), a la derecha. 
Lo más interesante de la página es, sin embargo, los slogans que sobre la empresa y los tranvías aparecen insertados. Elos aluden a la confianza que generaba el tranvía en cuanto a accidentes de tránsito teniendo en cuenta su baja velocidad, el transitar sobre recorridos fijos y la dureza de su carrocería, sobre todo el truck. 
En una sociedad como la habanera, donde los nuevos cánones urbanos exigían velocidad, libertad e individualismo, el tranvía se presentaba arcaico a los gustos modernos, contra lo cual combatía la HER con la publicidad, colocada en cualquier medio posible, como el número centenario del Diario...del año 1932.
Textualmente dicen así: "Viaje en tranvía y despreocúpese del tráfico", "Viajar en tranvía es tener la vida asegurada" y "El tranvía no choca, chocan con él, lo que representa el 100 % de seguridad".

viernes, 20 de enero de 2012

Accidentes de tranvías en la memoria (3)

!Qué peligro, Dios mío!, exclama doña Amparo, mientras sube las manos a la cabeza, !Haga algo conductor! Ya quisiera, ya quisiera !Suelta el carro, mocoso! Dígaselo a sus padres, que le regañarán, sus padres, si ya usa pantalones largos señora, todos los días es lo mismo, que si se aguantan del carro, que si me bajan los troles, !Emilio!, a ver si paras en la esquina que me bajo y si lo agarro.., Ay, conductor, un negrito se ha subido sin pagar, está atrás de la plataforma, No se puede, no se puede, llevo doce años en el 372 haciendo la ruta del muelle de Luz y siempre es lo mismo, !Qué difícil es trabajar en estos días! 
Una magnífica portada del emblemático seminario Carteles,  publicación cubana fundada en septiembre de 1919, de excelente factura y amplio tratamiento de temas nacionales, reseñando en sus páginas espectáculos, deportes, cultura, historia y acontecimientos políticos. El año de esta portada es 1949, el motivo: los jóvenes usando el tranvía eléctrico para la diversión indebida, so pena de sufrir accidentes por el peligro a que se exponían. Una colorida estampa de época, de impecable diseño y estupenda calidad, -enfocada en el tranvía-, apenas tres años antes de su desaparición de las calles de La Habana.

jueves, 17 de noviembre de 2011

Accidentes de tranvías en la memoria (2)

Una huelga estudiantil, en los alrededores de la Universidad de La Habana, la emprende contra los tranvías para demostrar su descontento con el gobierno. En no pocas ocasiones los tranvías sufrieron de las iras populares, sobre todo durante la década de los treinta del siglo pasado, -momento captado por la imagen-, cuando era bastante frecuente que estudiantes y trabajadores usaran métodos violentos contra los tranvías para buscar la atención del gobierno en aras de exigir demandas. En la foto, se observa como algunos estudiantes están untando jabón en los raíles para descarrilar los carros, mientras otros se suben en masa en los vagones. Otras "técnicas" de sabotaje incluían despegar los troles de las catenarias, bloquear las líneas con objetos pesados o impedir el paso situándose frente a los carros, en barrera humana. 
El júbilo popular también utilizó los tranvías como medio de expresión. Recuerdan los más ancianos que el triunfo electoral del Dr. Grau San Martín (1944) fue muy celebrado en la capital y fueron muchos los habaneros que se encaramaban sobre los vagones para gritar, bailar o proferir emotivos discursos. Entonces los tranvías eran improvisados proscenios o simplemente tarima de felicidad populachera, me cuenta el señor Emilio Pérez Cuerdo, vecino de la calle O´Reilly, quien vivió esta experiencia y no pocas veces montó tranvía.
Los carros eléctricos, en avenidas de bajadas a velocidad de hasta 30 kilómetros por hora, sobre raíles resbaladizos (por el jabón), eran una amenaza pública. Los accidentes no dejaban de ser una posibilidad. Por suerte, muchas veces el motorista era advertido del sabotaje y sencillamente paraba el carro en medio de la calle, provocando una congestión del tráfico que paralizaba esa parte de la ciudada. Los huelguistas, -a veces los mismos trabajadores tranviarios-, estaban satisfechos: tenían una crisis, habían logrado su objetivo.

miércoles, 5 de octubre de 2011

Recuerdos del tranvía eléctrico: accidentes.

El arribo del tranvía eléctrico a La Habana en el año 1901 fue recibido con cierto recelo por la población. Andaban a "grandes" velocidades, -desconocidas hasta el momento en un medio de transporte urbano, además no todos habían tomado un tren-, pasando peligrosamente cerca de aceras y puertas calles, y aunque anunciaban su paso con gritos y campanillazos los conductores y motoristas, era posible encontrarse con un traseúnte distraido dispuesto a "armar" la reyerta...si salía con vida. Decía el notable intelectual Emilio Roig de Leuchsenring, primer Historiador de la Ciudad, que en sus primeros años de funcionamiento los tranvías dejaron una estela de accidentes de tránsito, -la mayoría sin desenlaces fatales-, que se fueron multiplicando con el tiempo, cuando aumentó tanto el número de carros en circulación como la población capitalina. Ello puede ser constatado con las cifras de siniestros que reportaba anualmente la Havana Electric Railway and Company (HER), la empresa estadounidense que los administró durante toda su existencia.

Con el deterioro gradual de la infraestructura tranviaria, producto del  descuido "intencionado" de la gerencia y las exigencias de la explotación, -cables, postes  y carros eran los elementos más afectados-, los accidentes fueron más propensos a ocurrir, sobre todo en aquellas avenidas de importancia vial y en las intersecciones de las calles. Según recoge el poeta Nicolás Guillén en una de sus poco conocidas crónicas urbanas, del año 1950, Parálisis progresiva del tranvía, "el tendido de alambres para los trollies ha cedido bajo la acción demoledora de los años y ya no hay viaje sin accidente. Los cables caen a diario, enroscados sobre las calles como finas serpientes, y duranre horas y horas permanence el tránsito paralizado, en medio de las cuchufletas e ironías de quienes ante el humillante espectáculo aún se muestran con ánimos de reir". 

Muchos años después, aún en La Habana se sigue teniendo recuerdos de los tranvías y sus accidentes, esos oscuros momentos de un servicio de trasnportación pública que "fabricó" la ciudad. José (Pepe) Vásquez, profesor universitario y hombre de vida, me habló una vez sobre ello: "De esos personajes inolvidables que lo acompañan a uno en los años iniciales me sigue la imagen de “Papín”. Como “Narciso el Mocho”, el inolvidable papalotero de Silvio, hacia las delicias de los niños de la cuadra con sus papalotes, que regalaba una vez terminado y que eran verdaderas joyas artísticas y gráciles en el vuelo. Nunca tuvo apodos, era simplemente “Papín”, siempre sentado en la puerta de su casa haciendo papalotes o tejiendo redes y atarrayas, su otra especialidad que tanto influyó en mi vocación pesquera. En realidad, y al igual del papalotero de la canción, pudo llamarse “Papín el cojo”: En su juventud había perdido una pierna al caer accidentalmente bajo un tranvía, cuento que nos repetía interminablemente para que evitáramos los nuevos monstruos de cuatro ruedas que no sólo cercenaban piernas sino que además, mataban".